A rediseñar el sistema de producción

Desde la absoluta defensa de la agricultura, para realizar aportes que ayuden a pasar un momento difícil, mientras vamos aprendiendo de nuestros errores, debemos analizar que le viene pasando a nuestro sistema agrícola. En una contribución similar a esta revista (hace casi dos años atrás), focalizamos nuestra preocupación acerca de la marcha del sistema y la necesidad de cambios. El titulo fue: ¿Dónde queremos estar en el mediano plazo? Y cuasi como un súper resumen empezamos tratando de dejar claro cuál era el principal objetivo de la contribución: ¿sólo adivinar el futuro, o ayudar a construirlo? Escribimos pensando en las dificultades que ya se veían venir en el horizonte cercano. Leyendo de nuevo esa nota, quizás más vigente ahora que entonces, la siguiente va en la misma línea, con el agregado de lo que pasó desde la zafra 2013/14 a la 2015-16 en curso.

Esteban Hoffman - A rediseñar el sistema de producciónEl modelo de crecimiento que permitió en 12 años multiplicar la producción de granos en forma exponencial en Uruguay, se basó, sin lugar a dudas, en el crecimiento del área y la expansión hacia zonas tradicionalmente no agrícolas, con escaso impacto de la productividad media. Podría considerarse que el estancamiento de la productividad de todos los cultivos de secano es consecuencia del gran crecimiento del área y la colonización de ambientes con menor aptitud agrícola (algo indiscutible). Mirado desde este punto de vista, sería menos objetable que la productividad media de casi todos los cultivos (descontado el efecto año) no haya cambiado
significativamente desde el 2002/03 a la fecha.

Lograr más de 1,5 millones de hectáreas bajo agricultura distribuidas por todo el país, tenía implícito el desafío de que la productividad no decayera. El crecimiento de la producción también fue acompañado por el aumento sostenido en los costos de producción y las rentas. Es por ello que, con los precios actuales, se hace insostenible el negocio de la forma en que se viene desarrollando actualmente (especialmente en los ambientes menos competitivos). Por ello el área cosechada anualmente está por entrar en su tercer año de caída.

El gran cambio en la inversión, tecnología, en el trabajo, la incorporación de mejoras en la logística y gestión de la agricultura, seguramente estén jugando un papel clave en sostener la productividad. Pero justamente, como resultado de que esta no ha crecido, las consecuencias del incremento de los costos de producción es que el margen bruto no para de caer. Recientemente, FUCREA, en la jornada anual de difusión de los resultados económicos de sus empresas, mostró el impacto a nivel de producción.

El sistema de agricultura continua instaurado, con chacras cada vez más viejas (años tras la última pastura), cuya capacidad para sostener la misma demanda de los cultivos está fuertemente disminuida, nos conduce al incremento en los gastos de fertilizante, y este es uno de los grandes responsables del alto costo de producción actual.

La caída de los precios ha creado un ambiente en que muchos piensan en reducir los costos de producción, bajando el gasto en este principal componente de los costos directos.La información seria y abundante en Uruguay, muestra que cuando existe desfasaje entre la demanda de los cultivos y el agregado (especialmente de nutrientes), se paga un primer peaje claro y sintomático. A pesar de la ganancia genética, el uso de los mejores cultivares que la portan, la inversión en el resto de la tecnología y mejor gestión, los rendimientos medios no crecen. Esto ocurrió visiblemente entre el 2003 y el 2012. En los últimos años, en las situaciones donde se disparan desproporcionadamente
las necesidades de agregado de nutrientes (N, K y S), las empresas que no cubren la demanda con cantidades de fertilizantes crecientes (y paradójicamente posicionándolas
cada vez más lejos de lo necesario a pesar de agregar más), pagan un peaje que no puede ser sorteado con rentabilidad genuina. A no ser que se mejore la calidad del suelo a
sembrar, el área va a seguir cayendo, algo que viene ocurriendo fuertemente desde hace 3 años para los cultivos gramíneas (los más sensibles) y ahora le llegó el turno a la soja.

El que pueda reposicionarse en los suelos de mayor aptitud (como estrategia de mejora de la calidad del suelo que siembra), si logra reducir la distancia a los puertos, seguro hoy tiene una gran ventaja. Esta ventaja, que le permitirá a muchos sortear este período de bajos precios y baja rentabilidad del rubro, no debería usarse para pasar “zafando” y volver a reincidir en el sistema que nos lleva a la situación actual.


“Se hace insostenible el negocio de la forma en que se viene desarrollando, por ello el área cosechada anualmente está por entrar en su tercer año de caída”


¿CUÁL NOS GUSTARÍA QUE FUESE EL ESCENARIO, PARA PODER SOBRELLEVAR LA SITUACIÓN DE BAJA RENTABILIDAD Y ALTO RIESGO AGRÍCOLA ACTUAL?.

A rediseñar el sistema de producción - Fig. 1

Figura 1. Evolución de la relación del área sembrada de soja/trigo (a) y el área sembrada de soja y trigo (b), en los últimos 42 años en Uruguay. Elaborado en base a DIEA, 2013; Hoffman et al., 2013.

Si pudiésemos elegir, sin pensar en ningún costo, posibilidad real o consecuencia, seguro optaríamos por: contar con los suelos de mayor aptitud y capacidad de uso, cerca de los puertos, con alta reserva de K, S y P, y una edad de chacra media como la que teníamos en el 2004-05 (que nos permitiría usar la mitad del N que estamos obligados a usar como mínimo). Pero este ejercicio evidencia que más bien nuestra situación se encuentra ubicada en las antípodas, además de que perdimos la posibilidad de diversificar (la
base de una estrategia pensada para un medio externo amenazante) (Figura 1).

Cada vez más soja, en algunos caso sola, teniendo que cargar, por tanto, con todos los costos directos, los indirectos y otros que nos diferencian, como son los nuevos costos derivados de la siembra de los cultivos protectores. Hoy en Uruguay, el segundo componente del sistema en área después de la soja, es un componente que no genera renta en el corto plazo (Figura 2).

En este escenario de bajos precios y altos costos, la soja casi sola, sobrevive recostada a las perspectivas de un año lluvioso, y como en los dos años anteriores, seguramente podrán salvar los costos de producción y renta, con el área concentrada en el litoral, sobre todo hacia el sur (no es futurología, sino análisis de los antecedentes). El punto semilla, desde donde partió la expansión en el 2002-03.

Si los precios no cambian en el corto plazo, si no existe una bajada abrupta en los costos de producción, solo es factible esperar que siga la retracción del área y el reposicionamiento en los suelos de mayor aptitud agrícola (si es que no queremos en general hipotecar el futuro en el corto plazo). Si estas condiciones no se revierten
en el corto plazo, seguro vamos a asistir a un cambio profundo del sistema y su matriz (algunos cambios que comienzan a ser evidentes, y que difícilmente tengan marcha atrás).

A rediseñar el sistema de producción - Fig. 2

Figura 2. Área y proporción del total de área agrícola, sembrada con cultivos protectores, cultivos de invierno, barbechos y otros (DIEA, 2014). Flecha: tendencia prevista de cambio de proporción para el 2015.

El nuevo sistema agrícola, seguramente con menos área, irá integrándose con aquellos que ya comienzan a funcionar en rotación con pasturas, sumando a la ganadería en algunos casos, conviviendo con sistemas cuya rotación este compuesta de secuencias con otros componentes leguminosa no pensados para cosecha. Coexistiendo con esquemas de agricultura continua en suelos de elevada aptitud, con gramíneas y mayores niveles de intensidad agrícola (número de cultivos cosechados por ha y por año), en
donde por manejar los ambientes distintos en forma diferente se tenga el máximo rédito en primera instancia. Difícilmente se pueda pensar en cuáles serían sus proporciones, o que estén las bases científicas, técnicas y económicas, que permitan aseverar cuál debería ser.


“Si estas condiciones no se revierten en el corto plazo, serguo vamos a asistir a un cambio más profundo del sistema y su matriz”


¿Cómo aguantar para llegar?, teniendo presente que con el conocimiento adquirido, la información disponible y las evidencias cercanas, esto no va a ser una opción para todos, sobre todo “si insisten”. En este sentido, el enfoque y opinión de FUCREA en relación a como me posiciono para seguir, en función de la situación de cada empresa y la externa a ella (el ambiente), el siguiente cuadro es un gran aporte para pensar. Este cuadro nos exime de comentarios, pero sin duda como base de razonamiento muestra que debemos parar para no desaparecer, repensarnos; y que las posibilidades y urgencias no son iguales para todos.

La productividad bien entendida, como la guía para navegar en agua turbulentas y aprovechar las oportunidades.

Los altos costos, sobre todo en herbicidas y fertilizantes, marcan la tendencia de muchos a bajar las cantidades para poder cerrar los presupuestos, apelando a la alta rentabilidad de los primeros escalones del gasto. Si se focaliza en los nutrientes, resulta en una trampa con final conocido. Esto solo es factible cuando el ambiente oferta la diferencia o es la base de la expansión cuando los precios de los granos son muy elevados y bajos los costos de producción (criterio conocido de invertir en una ha más, que invertir en la misma ha). Este fue el criterio que primó y llevo a la expansión, donde el área de soja creció a una tasa de 100.000 ha por año, desde el 2001-02 a 2009-10.

Cuando el costo base ya es muy elevado y los precios bajos, siguen bajando, qué hacer: ¿elegir el área e invertir en cada una de ellas?; o para mantener el área con iguales recursos, ¿bajar el gasto al mínimo para “pasar”? Para muchos, directamente plantear ambos escenarios es una locura, pero actualmente hay en funcionamiento esquemas de mínimo o muy bajo costo de producción, con nombres creativos y llamativos (algunos importados). Estas propuestas, no solo no las compartimos para Uruguay, ya que, además de que nos es difícil de procesar, sentimos que estamos en el extremo opuesto. Los intentos por reducir significativamente el costo, en parte apuntan a reducir el gasto en fertilizante (es muy alto y caro y hay que bajarlo), como si sobrara algo!!!.

UN ALTO CAMINO.

En cuanto al diagnóstico global y general, los cuatro nutrientes fundamentales que nos ocupan (N, P, K y el S), pasan por distintas etapas de ajuste tecnológico a nivel del país. Mientras en N, K y S en general las dosis agregadas son inferiores a las necesarias, el P, con un problema de ajuste chacra a charca, las cantidades medias agregadas están cerca de los necesarios, aunque están cayendo.

Son 50 años de historia e información de lo que puede ocurrir con el P si bajamos las cantidades agregadas en relación al mínimo necesario, la reducción de los ingresos esperados por caídas del potencial, superaran largamente al gasto diferencial. Como los cultivos de segunda responden tanto al P como los de primera, no deben llevar cantidades inferiores, solo por ser de segunda (con información de que contar con el P residual de los cultivos de invierno en Uruguay, es una falacia). Para el caso del K y el
S, perdura la lección reciente en cuanto a las consecuencias de la falta de ajuste.

Para el N (el que establece la diferencia entre el costo de la soja y las gramíneas, y que por ahora la pone en ventaja), es el nutriente con mayor abundancia de información local y contemporánea en Uruguay. Puede ser considerado paradójico, pero es con el que nos cuesta acercarnos a lo necesario y en donde más creemos que podemos innovar, alejándonos de las cantidades necesarias. Hasta ahora a pesar del abundante conocimiento y evidencia del desajuste y pérdida de potencial derivado, en general cada vez usamos menos en términos relativos a la demanda real de los cultivos. Esto ha estado conspirando fuertemente en contra de los cultivos de gramíneas, que tienden a
participar cada vez menos del área sembrada. Esta brecha creciente entre las necesidades y el agregado, está siendo unos de los principales responsables del estancamiento de la productividad nacional y de que la soja se quede cada vez más sola.

¿Cómo andar por el camino de la alta productividad, con más insumos, riesgo controlado, ingresando a un terreno de preocupación nacional acerca de los impactos de lo que hacemos más allá de los límites del potrero o campo, y de lo cual nos tenemos que comenzar a ocupar? La única forma es apuntando al logro de altas eficiencias de uso de los insumos (kg de grano ganados por unidad de producto utilizado). En el IV Simposio Nacional de Agricultura, VII Encuentro de la SUCS y I Encuentro Regional de Políticas de conservación de Suelos de la FAO, se presentó y discutió información que nos permite abordar este desafío en forma responsable.

Como final de esta contribución y como principio de una próxima, lo siguiente en cuanto al uso de nutrientes en el escenario global planteado:

  • La Información existe y es abundante. En primer lugar entonces, usar la que hay, no es necesario improvisar.
  • Trabajo, basar el uso en el diagnostico objetivo, por lo tanto muestrear-monitorear.
  • Tecnología, ajuste objetivo de las cantidades a agregar en primer lugar, en tiempo real sobre todo, y por ambientes si llegó el momento.
  • La ganancia, dependiente de la alta eficiencia de uso por el correcto manejo de la nutrición de nuestros cultivos, va a venir cuando nos orientemos a cumplir sistemáticamente los 4 requisitos (4Rs) del manejo de los fertilizantes (dosis, momento, lugar y fuentes correctas).
  • Innovación, uso de la información actual valiosa, mejorada con el nuevo conocimiento, provista de nuevas herramientas y modelos de decisión, nos permitirán lograr alta eficiencia en la recuperación de los nutrientes agregados (base de la alta eficiencia de uso, cuando las cantidades necesarias se incrementan). Las altas cantidades instantáneas de nutrientes sobre todo de los nutrientes móviles, no aportan en este sentido, por lo tanto: fraccionar.
  • Responsabilidad en el camino, producir cuidando, aún dependemos de la generación de nueva y más información local, lo que seguramente nos conduzca a cambios en las prácticas agrícolas.

Creemos y estamos convencidos que vamos a transitar el camino con estas reglas de juego, más allá de los cambios asociados a las coyunturas futuras (difíciles de imaginar), no obstante lo que vendrá nos mostrará cuánto podemos estar acertados o equivocados y por eso esta contribución no pretende adivinar nada del futuro. Sin embargo, incorporar esta información y evidencias constantemente, son la base del proceso de mejora continua, a la cual siempre hemos estado afiliados.

.

DESCARGAR ARTÍCULO