Los cereales pagan el costo de un sistema que dejó de rotar con pasturas

¿Qué aprendimos para el futuro en estos últimos 10 años? Nos encontramos en una fase de inflexión del área agrícola con fuerte caída del área física y cosechada por año. Retracción del área de zonas marginales y con mayores costos por su distancia a los puertos y un evidente cuasi estancamiento de la productividad de todos los cultivos extensivos. La caída de los precios, los altos costos de producción (en parte derivado del incremento en las necesidades de insumos) y mayor riesgo asociado a la actividad explican en parte este situación.

En este escenario en donde la mayoría de las chacras son viejas, además de la caída en el stock de Fósforo (P) y Potasio (K), es evidente que ya no existe efecto residual alguno de las pasturas, y en general los cereales desde el punto de vista tecnológico sufren las consecuencias de un incremento en la deficiencia sobre todo de Nitrógeno (N), a pesar de que tecnológicamente se registra un incremento en las cantidades de N utilizadas a nivel de producción.

Los cereales pagan el costo de un sistema que dejó de rotar con pasturasConsecuencia de una demanda de N que crece más que la oferta (Figura 1), y como resultado del impacto del mejoramiento genético en el siglo XXI (confirmado en los nuevos cultivares en uso en la actualidad), el desajuste de la nutrición es uno de los principales responsables del estancamiento. Esta situación se hace muy evidente además en la disminución de la proteína en grano (componente de la calidad clave en los cereales, que condiciona fuertemente su valor de mercado, sobre todo en trigo y cebada). Esto fue tema principal de una de las conferencias en la jornada de la mesa del trigo en el año 2015, en la EELE en INIA.

Por Esteban Hoffman

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